Estados Unidos
Por: Fernando Rodríguez C.
El reciente proceso electoral de medio tiempo en el Senado, la Cámara de Representantes y gobernaciones de los EE. UU., en el que el Partido Republicano sufrió una apabullante derrota de manos de los demócratas,
El senador demócrata electo por Texas, James Talarico, y la gobernadora electa en el mismo estado, Gina Hinojosa. EFE/ Carlos Ramírez
El reciente proceso electoral de medio tiempo en el Senado, la Cámara de Representantes y gobernaciones de los EE. UU., en el que el Partido Republicano sufrió una apabullante derrota de manos de los demócratas, tiene varias enseñanzas para el mundo de la política internacional y una de las más importantes es que el pueblo no le otorga el poder para usted creerse un emperador que puede arremeter, sin consecuencias, contra todos, países o personas que disientan de su política y se la pase agrediendo impunemente a todo el mundo.

El caso de los EE. UU. tiene sus particularidades y vimos con asombro que un partido como el Republicano se pusiera en manos de una persona sin escrúpulos, convicto, por demás, por condenas dictadas en su contra, y con un nivel de megalomanía que lo convierte en un ser repugnante capaz de iniciar guerras insensatas sin importar las consecuencias económicas para las grandes mayorías, solo para favorecer los intereses económicos de sus aliados y familiares.
Ante esta humillante derrota de Donald Trump, hay que esperar a enero para observar las reacciones de un león herido que amenazó con vetar todas las iniciativas de los demócratas, sin detenerse a pensar en las consecuencias que pudieran incluir un impeachment en su contra.
