La soberana del gremialismo periodístico dominicano

Por José-chino-Bujosa Mieses

MERCEDES CASTILLO SANDOVAL

Por José-chino-Bujosa Mieses

La soberana del gremialismo periodístico dominicano

Hay personas que llegan a las instituciones buscando una posición. Otras llegan llevando debajo del brazo una idea, un proyecto, un sueño.

Mercedes Castillo Sandoval llegó así al gremialismo periodístico dominicano: con una propuesta.

La recuerdo como si aquella mañana de verano hubiese ocurrido ayer.

Transcurría la primera gestión de Rafael Méndez al frente del recién creado Colegio Dominicano de Periodistas. Yo formaba parte de aquel Comité Ejecutivo como tesorero. Eran tiempos difíciles para el gremio. La Ley 148, primera legislación que había dado vida al Colegio, había sido malograda por una decisión judicial que nosotros consideramos injusta y arbitraria, pronunciada durante el régimen de Joaquín Balaguer.

El naciente Colegio trataba de reorganizarse mientras librábamos aquella batalla jurídica e institucional.

A todo eso se agregaba otra circunstancia: estábamos prácticamente de mudanza.

La vieja casa donde había funcionado durante tantos años el Sindicato Nacional de Periodistas Profesionales, SNPP, sería demolida para levantar en esos mismos terrenos la nueva Casa Nacional del Periodista. Aquellos terrenos habían sido obtenidos durante mi gestión como secretario general del SNPP, en tiempos de la presidencia de Salvador Jorge Blanco.

Entre cajas, documentos, escritorios, papeles acumulados durante años y el trajín inevitable de una institución que desalojaba su vieja sede para comenzar otra historia, apareció una joven mujer.

Mulata.

De pelo crespo.

Esbelta.

Dinámica.

Y con una sonrisa que parecía formar parte natural de su rostro.

Era Ynalda Mercedes Castillo Sandoval.

No llegó preguntando qué cargo podía ocupar.

Llegó proponiendo qué podía hacer.

Quería crear un Centro de Documentación del Periodismo, una herramienta que permitiera preservar documentos, publicaciones, investigaciones, archivos y testimonios relacionados con la historia y el ejercicio de nuestra profesión.

Mercedes sabía perfectamente de qué hablaba.

Aquella propuesta no era producto de una ocurrencia momentánea.

Venía respaldada por su preparación académica y por una experiencia que había comenzado años antes en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

LA UASD Y EL ORIGEN DE UNA VOCACIÓN

Mercedes se formó profesionalmente en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde estudió Comunicación Social, mención Periodismo.

Su formación, sin embargo, trascendió el ejercicio convencional del periodismo.

Se especializó como técnica en documentación periodística y archivística, un campo que habría de desempeñar un papel fundamental en buena parte de su vida profesional.

Desde sus años universitarios comprendió algo que después convertiría en una especie de cruzada personal: el periodismo necesita memoria.

Un periodista debe saber buscar.

Debe saber investigar.

Debe conservar las fuentes.

Debe estudiar continuamente.

Debe regresar una y otra vez al conocimiento.

Bajo la dirección académica del profesor Onofre de la Rosa, Mercedes estuvo vinculada a la creación y desarrollo del Centro de Documentación para las Comunicaciones, CEDCOM, de la Escuela de Periodismo de la UASD, institución que llegó a dirigir durante varios años en la década de los ochenta.

Allí aprendió a convivir con archivos, publicaciones, investigaciones, periódicos y documentos.

Allí comprendió el valor de preservar la memoria de la comunicación.

Y allí comenzó a formarse aquella Mercedes que años después llegaría a nuestra vieja sede gremial para proponernos hacer algo semejante en beneficio de los periodistas dominicanos.

Por eso, cuando Rafael Méndez llevó su propuesta al Comité Ejecutivo del Colegio, la acogimos favorablemente.

Nos habíamos trasladado provisionalmente a un local de la calle Lea de Castro y desde allí Mercedes comenzó a trabajar.

La secretaria de Educación de aquella directiva era la periodista Dania Goris, quien comprendió rápidamente las condiciones de aquella joven comunicadora y la incorporó a los trabajos de su comisión.

Mientras Mercedes iba diseñando la arquitectura de aquel soñado Centro de Documentación, colaboraba también en las actividades educativas del Colegio.

Sin saberlo, estaba abriendo la puerta de lo que habría de convertirse en una de las grandes pasiones de su vida:

la educación permanente de los periodistas.

APRENDER PARA PODER ENSEÑAR

Mercedes jamás ha considerado que un título universitario representa el final de la formación profesional.

Todo lo contrario.

Ha hecho de la educación continua una norma de vida.

A lo largo de su ejercicio profesional ha participado en más de sesenta actividades académicas de actualización y especialización relacionadas con la comunicación y el periodismo.

Seminarios.

Diplomados.

Conferencias.

Talleres.

Encuentros académicos.

Congresos de prensa.

Cursos especializados.

Jornadas profesionales.

Actividades realizadas tanto en la República Dominicana como en escenarios internacionales.

Mercedes entendió desde temprano que una profesión como el periodismo obliga a estudiar siempre, porque cambia la sociedad, cambian las tecnologías, cambian los medios y también cambian las maneras de comunicarnos.

Y aquella mujer que permanentemente buscaba aprender comenzó también a enseñar.

LA MAESTRA

Durante más de quince años, Mercedes Castillo ejerció la docencia vinculada a la carrera de Periodismo y Comunicación.

Pasó por las aulas de la Universidad Dominicana O&M, de la Universidad Católica Santo Domingo y del Instituto Dominicano de Periodismo.

Allí compartió con nuevas generaciones los conocimientos adquiridos en la academia, pero también algo que ningún libro podía proporcionarle:

la experiencia acumulada en el ejercicio profesional y en las luchas gremiales.

Para Mercedes enseñar nunca fue solamente colocarse frente a un pizarrón.

Era compartir.

Orientar.

Provocar inquietudes.

Insistir en la ética.

Defender el estudio.

Hacer comprender al joven periodista que un comunicador que deja de estudiar comienza lentamente a quedarse rezagado.

Esa vocación docente explica mucho de lo que después realizaría desde el Colegio Dominicano de Periodistas.

Mercedes quería que el gremio fuera también una escuela.

EL NUEVO COLEGIO

Cuando finalmente fue aprobada la Ley 10-91, que restableció jurídicamente el Colegio Dominicano de Periodistas, comenzó otra etapa.

Rafael Méndez continuó al frente del proceso y Mercedes recibió nuevas responsabilidades.

Participó en el registro y organización de los miembros con miras a desarrollar programas de seguros y protección social, y trabajó también en labores relacionadas con la medición de la publicidad publicada en los medios impresos, necesaria para establecer las contribuciones correspondientes al Colegio conforme a la nueva legislación.

Ya no era aquella joven que simplemente había llegado con una propuesta.

Comenzaba a conocer desde dentro la estructura de la institución.

A sus miembros.

Sus problemas.

Sus aspiraciones.

Sus carencias.

Sus posibilidades.

Luego llegó otro proceso electoral.

Me correspondió aspirar a la presidencia del CDP.

Mercedes formó parte fundamental de aquella campaña.

Fue una de sus grandes animadoras y recorrió prácticamente todo el país promoviendo nuestra candidatura y estableciendo contacto directo con periodistas de las diferentes regiones.

Aquellos viajes fueron decisivos.

Porque Mercedes comenzó a conocer personalmente a la membresía.

Y la membresía comenzó a conocer a Mercedes.

Descubrieron en ella su entusiasmo.

Su simpatía.

Su espontaneidad.

Su solidaridad.

Su extraordinaria facilidad para relacionarse con la gente.

Su costumbre de escuchar.

Su capacidad de recordar al compañero, preguntar por su familia y preocuparse por sus problemas.

Nuestra candidatura resultó triunfadora.

Y en el Comité Ejecutivo que me correspondió presidir, Mercedes Castillo asumió la Secretaría de Educación, sucediendo a Dania Goris.

Entonces comenzó otra historia.

UNA REVOLUCIÓN EDUCATIVA EN EL CDP

Fue en aquella gestión cuando Mercedes encontró el escenario adecuado para desarrollar plenamente el sueño que venía acariciando desde sus años universitarios.

Ella concebía al Colegio no solamente como un gremio reivindicativo.

No bastaba defender salarios.

No bastaba reclamar empleos.

No bastaba emitir comunicados.

No bastaba denunciar atropellos.

Había que formar.

Actualizar.

Especializar.

Investigar.

Preparar al periodista para enfrentarse a los cambios que comenzaban a transformar aceleradamente nuestra profesión.

Desde la Secretaría de Educación impulsó una extraordinaria jornada de capacitación extracurricular.

Cursos.

Talleres.

Seminarios.

Conferencias.

Coloquios.

Diplomados.

Encuentros.

Jornadas de actualización.

Actividades en Santo Domingo y en las provincias.

El periodista que llevaba diez, quince o veinte años fuera de la universidad podía regresar al aula a través de su propio Colegio.

Mercedes impulsó la creación y desarrollo de una estructura destinada específicamente a la formación profesional del periodista.

Aquello permitió fortalecer programas permanentes de capacitación, promover la investigación, ampliar la documentación especializada y sentar las bases para iniciativas que posteriormente permitieron disponer de una biblioteca para los periodistas y espacios destinados a la formación en las nuevas tecnologías digitales.

Puede decirse sin exageración que Mercedes produjo una verdadera revolución en la educación extracurricular dentro del Colegio Dominicano de Periodistas.

Pero no se quedó en Santo Domingo.

Su responsabilidad la llevó continuamente al interior.

Y ella disfrutaba aquellos recorridos.

Cada viaje significaba encontrarse con compañeros.

Escuchar problemas.

Organizar actividades.

Conocer nuevos periodistas.

Estrechar vínculos entre las seccionales y la dirección nacional.

Así fue convirtiéndose en una figura conocida en todo el país.

CUANDO CAMBIAMOS LOS PAPELES

Llegó entonces otro proceso electoral.

Y ocurrió algo hermoso en nuestra relación gremial.

Antes, Mercedes había sido una de las principales responsables de mi campaña.

Ahora ella sería candidata.

Y yo me convertí en su jefe de campaña.

El Movimiento Marcelino Vega la presentó a la presidencia del Colegio Dominicano de Periodistas.

Recorrimos nuevamente el país.

Pero esta vez Mercedes ya no necesitaba presentación.

La conocían.

La esperaban.

La abrazaban.

Había construido relaciones que trascendían cualquier campaña electoral.

Y ganó.

Ganó ampliamente.

Pero aquel triunfo no sería un episodio aislado.

Los periodistas volvieron una y otra vez a confiar en ella.

Mercedes llegó a ocupar la presidencia del Colegio en repetidas ocasiones y posteriormente presidió también durante dos períodos el Instituto de Previsión y Protección del Periodista, IPPP.

Así nació el título que todavía la acompaña:

la Presidenta Histórica del CDP.

Yo, que la vi llegar aquella mañana con su proyecto debajo del brazo, prefiero agregarle otro:

La Soberana.

La Soberana del gremialismo periodístico dominicano.

UN GREMIALISMO CON ROSTRO HUMANO

Mercedes entendió el gremialismo como servicio.

Durante sus distintas responsabilidades, los periodistas encontraron una institución cada vez más preocupada por su seguridad social y por las condiciones de vida de sus miembros.

Se impulsaron programas de seguros médicos.

Seguros de vida.

Pensiones.

Becas.

Viajes.

Programas de viviendas y apartamentos.

Ayudas económicas.

Asistencia frente a enfermedades.

Orientación.

Capacitación.

Pero existía algo que no aparecía en ninguna memoria administrativa ni podía medirse en estadísticas:

el cariño.

Mercedes tiene una forma particular de relacionarse con el periodista que se le acerca.

No importa si ocupa una posición importante o acaba de llegar al gremio.

Escucha.

Pregunta.

Busca una solución.

Llama.

Gestiona.

Insiste.

Y si el problema no puede resolverse inmediatamente, por lo menos el compañero se marcha sintiendo que alguien se interesó por él.

Ese afecto explica en buena medida la fidelidad que durante tantos años recibió de la membresía.

Las elecciones se ganan con votos.

Pero los votos repetidos durante décadas solamente se consiguen cuando antes se ha conquistado la confianza.

LA PERIODISTA DETRÁS DE LA DIRIGENTE

Sin embargo, sería injusto reducir la vida de Mercedes Castillo únicamente al gremialismo.

Detrás de la dirigente existe una periodista de larga trayectoria.

Ha sido productora de programas de radio y televisión, llevando a esos espacios sus preocupaciones sociales, educativas y profesionales.

Ha trabajado la comunicación desde diferentes plataformas y ha sabido adaptarse a las transformaciones tecnológicas experimentadas por el oficio.

Fue fundadora de un periódico mensual destinado a servir de vocero de las comunidades de la zona del Ozama y de Santo Domingo Oriental, acercándose desde el periodismo comunitario a los problemas de barrios y sectores muchas veces ignorados por los grandes medios.

También ha desarrollado una presencia sostenida en el periodismo digital.

Es articulista y promotora de Civismo Magazine, publicación digital desde la cual aborda asuntos relacionados con comunicación, ciudadanía, sociedad y valores cívicos.

Mantiene igualmente presencia en YouTube, incorporándose a los nuevos lenguajes audiovisuales de comunicación.

Una mujer que comenzó profesionalmente entre documentos impresos, fichas bibliográficas, archivos y máquinas de escribir ha sabido transitar hasta las plataformas digitales sin renunciar a la esencia del periodismo.

Eso habla de su capacidad para renovarse.

Y constituye una prolongación natural de aquella convicción suya de que el periodista nunca puede dejar de aprender.

LOS MEDIOS PÚBLICOS

Su experiencia acumulada también la llevó a formar parte del Consejo de Administración de la Corporación Estatal de Radio y Televisión, vinculada a Radio Televisión Dominicana.

Era otra dimensión de su carrera.

Allí llegaba no simplemente una dirigente gremial, sino una mujer que conocía la comunicación desde múltiples perspectivas:

como estudiante;

como periodista;

como documentalista;

como archivista;

como investigadora;

como docente;

como productora de radio;

como comunicadora televisiva;

como articulista;

como editora;

como dirigente gremial;

y como defensora permanente de la libertad de expresión.

Pocas trayectorias permiten contemplar la comunicación dominicana desde tantas ventanas.

EL COVID Y LA GRAN PRUEBA

Entonces llegó una de las épocas más dramáticas vividas por nuestra generación.

La pandemia del COVID-19.

El país se llenó de miedo.

Los hospitales se saturaron.

Las familias se encerraron.

Muchos compañeros periodistas contrajeron la enfermedad.

Algunos no sobrevivieron.

Mercedes se involucró de inmediato en los esfuerzos para proteger a la membresía.

Promovió asistencia.

Orientó.

Gestionó ayudas.

Apoyó jornadas de vacunación.

Se preocupaba por quienes enfermaban.

Llamaba.

Preguntaba.

Movilizaba solidaridades.

Hasta que la enfermedad tocó su propia puerta.

Mercedes contrajo COVID.

Y su estado llegó a ser sumamente grave.

Aquella mujer que durante décadas había corrido para auxiliar a otros era ahora quien necesitaba la solidaridad de todos.

Y la solidaridad apareció.

Desde muchos lugares.

Periodistas.

Amigos.

Compañeros gremiales.

Instituciones.

Autoridades.

El gobierno del presidente Luis Abinader dispuso que desde el Ministerio de Salud Pública se le ofrecieran todas las atenciones necesarias.

Hubo momentos de enorme preocupación.

Nadie quería imaginar el peor desenlace.

Pero Mercedes luchó.

Como había luchado durante toda su vida.

Y finalmente venció.

Se recuperó.

Y apenas pudo hacerlo regresó nuevamente a sus responsabilidades.

Era la misma Mercedes.

Quizás con el recuerdo cercano de haber enfrentado la fragilidad de la vida.

Pero con aquella sonrisa todavía intacta.

EL RELEVO GENERACIONAL

Los años fueron pasando.

Y quienes durante décadas encabezamos muchas de aquellas jornadas comprendimos que las instituciones no pueden convertirse en propiedad de una generación.

Mercedes y otros dirigentes históricos del Movimiento Marcelino Vega entendimos que había llegado la hora de abrir espacio a nuevos liderazgos.

Había que entregar el relevo.

No abandonar.

Entregar.

Porque una institución verdaderamente democrática se fortalece cuando quienes han dirigido saben también hacerse a un lado para permitir que otros continúen.

Así una nueva generación llegó a la dirección del Colegio Dominicano de Periodistas, encabezada por el maestro Luis Pérez Nova, postulado por el Movimiento Marcelino Vega.

Mercedes dejó de aspirar a la presidencia.

Otros compañeros hicimos lo mismo.

Pero ninguno abandonó la causa.

Porque el gremialismo no depende de ocupar un escritorio.

Es una conducta.

Una vocación.

Una manera de entender la solidaridad.

COOPNAPRENSA: OTRO SUEÑO

Y quien creyó que Mercedes Castillo iba a retirarse tranquilamente después de tantos años de actividad volvió a equivocarse.

Encontró otro escenario desde donde servir:

la Cooperativa Nacional de Servicios Múltiples de la Prensa, Coopnaprensa.

Mercedes asumió su presidencia con la misma energía con que décadas antes había llegado hasta nosotros proponiendo un centro de documentación.

Otra vez apareció la soñadora.

Otra vez la organizadora.

Otra vez la mujer de proyectos.

Su aspiración es convertir a Coopnaprensa en una institución económica fuerte, autosuficiente, capaz de ofrecer servicios cada vez mayores a los trabajadores de la prensa.

Ha expresado una meta ambiciosa:

que la cooperativa de los periodistas pueda llegar algún día a alcanzar la fortaleza de las grandes cooperativas profesionales del país, entre ellas la de los maestros.

Y no se trata solamente de palabras.

La institución ha comenzado a mostrar dinamismo, crecimiento, organización y nuevos proyectos.

Es Mercedes comenzando otra vez.

Porque esa ha sido quizás una de las características más extraordinarias de su vida:

nunca considera terminada la tarea.

Siempre encuentra algo nuevo por hacer.

UNA GREMIALISTA INTERNACIONAL

Su actividad gremial tampoco se ha limitado a las fronteras dominicanas.

Mercedes ha viajado representando al periodismo organizado en numerosos encuentros internacionales.

México.

La Habana.

Buenos Aires.

China continental.

Taiwán.

Estados Unidos.

Canadá.

Londres.

Diversas naciones europeas.

En conjunto, su trayectoria internacional alcanza numerosos países de América, Asia y Europa.

En esos escenarios ha llevado la voz de los periodistas dominicanos.

Ha defendido la libertad de expresión.

La difusión del pensamiento.

La capacitación profesional.

La protección social.

La organización gremial.

Y el derecho de los comunicadores a ejercer su profesión con dignidad.

Esa presencia constante le ha ganado respeto también fuera de la República Dominicana.

Mercedes no es solamente una dirigente conocida dentro del Colegio.

Es una gremialista de prestigio internacional.

LOS RECONOCIMIENTOS

Una trayectoria tan extensa ha recibido numerosas distinciones.

Mercedes acumula más de una veintena de placas, pergaminos, medallas y reconocimientos otorgados por organismos nacionales, seccionales del Colegio, instituciones extranjeras, organizaciones culturales, clubes deportivos, entidades sociales y profesionales.

Ha sido reconocida por su defensa de la libertad de expresión y de la difusión del pensamiento.

Por el Colegio Dominicano de Periodistas.

Por sus seccionales.

Por organizaciones del exterior.

Por el Círculo de Locutores Dominicanos.

Por instituciones latinoamericanas.

Por organizaciones culturales y deportivas.

Por entidades públicas.

Uno de los reconocimientos más importantes fue la Medalla al Mérito de la Mujer Dominicana, otorgada por la Presidencia de la República y el Ministerio de la Mujer en reconocimiento a sus aportes desde el periodismo.

También recibió la Medalla al Mérito Periodístico del Colegio Dominicano de Periodistas en 2025, otra distinción de particular significación porque procedía precisamente de la institución a la que ha dedicado buena parte de su existencia.

Pero probablemente ninguna placa pueda resumir completamente lo que Mercedes ha significado para numerosos compañeros.

Hay reconocimientos que se colocan sobre una pared.

Y existen otros que viven en la memoria de la gente.

LA ESCRITORA

Mercedes también ha dejado sus reflexiones en el libro.

Es autora de Comunicación y Civismo: ejes fundamentales de la sociedad, obra que refleja dos conceptos profundamente vinculados con su pensamiento.

Comunicación.

Y civismo.

Para ella comunicar no consiste únicamente en transmitir informaciones.

Significa crear ciudadanía.

Promover convivencia.

Defender valores.

Contribuir a una sociedad más consciente de sus derechos y responsabilidades.

Por eso no sorprende que su revista digital se identifique también con esa palabra:

Civismo.

Porque Mercedes ha entendido el periodismo como un servicio público, incluso cuando se ejerce desde medios privados.

LA MUJER Y LA FAMILIA

Detrás de la periodista existe igualmente la mujer de familia.

Ynalda Mercedes Castillo Sandoval es dominicana, oriunda de Puerto Plata, hija de Modesto Castillo y Narcisa Sandoval, y creció junto a cinco hermanos.

Sus raíces familiares explican mucho de aquella sencillez provinciana que nunca perdió.

Mercedes puede sentarse con un presidente de la República, con un ministro, con un rector universitario o con una personalidad internacional y, minutos después, estar conversando con el periodista más humilde de una seccional provincial con idéntica naturalidad.

No necesita construir cercanía.

La posee.

Es también madre de Odalis Santiago Taveras Castillo, joven vinculado profesionalmente al mundo multimedia y a los estudios cinematográficos, una nueva generación relacionada precisamente con esas tecnologías audiovisuales hacia las cuales ha evolucionado la comunicación contemporánea.

TRES MUJERES EN UNA

Cuando observo retrospectivamente la trayectoria de Mercedes encuentro tres dimensiones que nunca estuvieron separadas.

La periodista.

La educadora.

La gremialista.

La periodista le permitió conocer desde dentro la profesión.

La educadora le enseñó que ninguna conquista profesional es permanente si no existe capacitación.

Y la gremialista convirtió ese conocimiento en servicio colectivo.

Por eso Mercedes no llegó al Colegio para improvisar una carrera política gremial.

Llegó formada.

Con experiencia.

Con ideas.

Y, sobre todo, con deseos de trabajar.

Aquella es quizás la diferencia fundamental.

AQUELLA MAÑANA DE VERANO

Han transcurrido más de tres décadas.

Pero a veces regreso mentalmente a aquella mañana.

Veo nuevamente la vieja casa del Sindicato Nacional de Periodistas Profesionales.

Veo las paredes que iban a desaparecer.

Los escritorios.

Las cajas.

Los documentos acumulados.

El movimiento de una institución que se preparaba para abandonar su sede provisionalmente mientras en aquel terreno comenzaría a levantarse la Casa Nacional del Periodista.

Veo a Rafael Méndez.

Recuerdo aquella directiva.

Y de pronto vuelve a entrar por la puerta aquella joven mulata.

Pelo crespo.

Figura esbelta.

Sonrisa permanente.

Y un proyecto debajo del brazo.

Quería crear un Centro de Documentación.

Parecía una propuesta pequeña comparada con los enormes problemas que teníamos en aquellos momentos.

Pero ahora comprendo que dentro de aquella carpeta estaba, simbólicamente, toda la Mercedes Castillo que vendría después.

La documentalista.

La archivista.

La maestra.

La investigadora.

La periodista.

La productora de radio.

La comunicadora de televisión.

La articulista.

La escritora.

La dirigente gremial.

La defensora de la libertad de expresión.

La mujer que recorrería el país entero.

La que viajaría por el mundo llevando la representación de los periodistas dominicanos.

La que organizaría cursos y seminarios.

La que ayudaría a procurar seguros.

La que gestionaría pensiones.

La que contribuiría a conseguir viviendas.

La que se preocuparía por el periodista enfermo.

La que enfrentaría una pandemia intentando salvar compañeros.

La que después tendría que luchar por salvar su propia vida.

La que regresaría después de vencer al COVID.

La que entregaría el relevo a una nueva generación.

Y la que, después de todo aquello, volvería a comenzar desde una cooperativa.

Todo estaba ya, de alguna manera, dentro de aquella mujer que llegó una mañana preguntando:

¿Qué podemos hacer?

LA SOBERANA

Por eso, cuando alguien me pregunta quién es Mercedes Castillo Sandoval, podría contestarle enumerando sus cargos.

Sus presidencias.

Sus estudios.

Sus universidades.

Sus viajes.

Sus reconocimientos.

Sus medallas.

Sus conferencias.

Sus más de sesenta jornadas de actualización profesional.

Sus años de docencia.

Sus programas de radio y televisión.

Su periódico.

Su revista digital.

Su presencia en las nuevas plataformas.

Su libro.

Sus responsabilidades públicas.

Pero prefiero otra definición.

Mercedes es una mujer que llegó al gremialismo para servir y terminó convertida en parte inseparable de su historia.

Es la joven del proyecto debajo del brazo que nunca dejó de imaginar proyectos.

Es la periodista que comprendió que la documentación preserva la memoria.

Es la educadora que convirtió la capacitación permanente en una conquista gremial.

Es la dirigente que hizo de la solidaridad una manera de ejercer el poder.

Es la presidenta que podía dejar por un momento los grandes problemas institucionales para escuchar las necesidades personales de un compañero.

Es la mujer que durante décadas recibió repetidamente la confianza de los periodistas porque antes había conquistado algo más difícil que una elección:

su cariño.

Por eso le dicen:

la Presidenta Histórica.

Y yo, que tuve el privilegio de verla llegar; que fui compañero suyo en aquellas primeras jornadas; que la vi crecer dentro del Colegio; que tuve a Mercedes como responsable de mi campaña y después asumí con orgullo la responsabilidad de dirigir la suya; que compartí con ella victorias, dificultades, proyectos, sueños y largas batallas en defensa de nuestra clase profesional, me permito agregarle un título que no necesita decreto, placa ni resolución:

Ynalda Mercedes Castillo Sandoval, la Soberana del gremialismo periodístico dominicano.

Porque los cargos terminan.

Las directivas cambian.

Las elecciones concluyen.

Los edificios envejecen.

Hasta las fotografías terminan adquiriendo el color amarillento del tiempo.

Pero cuando una vida se ha entregado durante décadas a servir a los demás, queda algo que ninguna elección puede retirar y ningún calendario puede borrar:

el lugar conquistado en la memoria colectiva.

Y allí, en la memoria del periodismo dominicano, Mercedes Castillo hace tiempo que conquistó el suyo.

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