Por Marino Ramírez Grullón

Existen muchas maneras de cómo medir el crecimiento económico de una nación.

Una de ellas son los parámetros que tiene el Banco Central para tales fines, estos puntos tan científicos no les entiende el pueblo llano, tampoco mucha gente que aunque manejan los medios de comunicación, no los dominan.

La oposición por su lado siempre verá que durante el gobierno de turno, al que le toque el país se le está cayendo a pedazos, de tal manera que siempre las cosas andarán mal, aunque ocurra lo contrario.

Escuché decir hace algunos años a un presidente que durante su mandato el hambre había sido erradicada de la República Dominicana.

Sus argumentos tenían que ver con que la producción agrícola era suficiente para cubrir la alimentación de los once millones de dominicanos que debe haber, además incluyendo las exportaciones que se realizan hacia Haití donde debe haber unos 12 millones de personas.

Es evidente que aquí se exporta también porque el mundo de los negocios procura vender e importar como forma de suplir necesidades alimenticias propias de una población que tiene diferentes gustos y necesidades.

En este caso hablamos del crecimiento de la economía que se puede medir por el nivel de consumo y construcciones que se aprecian durante más de 20 años, siendo este país de América Latina que puede demostrar esto con mayor realidad.

Las adquisiciones de vehículos, viviendas, apartamentos, construcción de plazas comerciales y las inversiones extranjeras así lo indican.

Se puede observar a simple vista que cada día tenemos más plazas comerciales, la presencia de la gente en esos lugares demuestran que se mueve el dinero.

También la adquisición de vehículos, lo que origina que tumbando áreas verdes se les abra espacios de manera indiscriminada lo que al final hace daño al medio ambiente y a la vida de la gente.

Aun así es un elemento de crecimiento económico.

Las grandes cadenas de supermercados las podemos apreciar en pocos kilómetros a la redonda instaladas donde quiera.

Parecería por lo que se puede ver que la competencia es feroz por cautivar a los clientes de tal manera que en pocos kilómetros se instalan supermercados de una misma cadena en buscar de competir con la otra.

Si eso no es crecimiento económico, entonces no sé lo que es.

En cuanto al hambre cero aquí tenemos abundancia de alimentos, el consumidor tiene de donde escoger, se podrá decir que existe carestía pero es que eso es mundial.

Además cada año si comparamos los precios siempre van a subir, lo que pasa es que la clase política siempre ve paja en ojo ajeno, siempre que no le toque a ellos.

En fin, sigamos creciendo, aun contra las quejas, lo importante es vivir mejor, más calidad de vida y que la salud pública y la educación también formen parte de ese bienestar que todos necesitamos.