La frase por excelencia de todo el que no hace ejercicio es que no encuentra tiempo y es que por muchos años hemos construido la idea de que para entrenar necesitamos una hora libre, ropa deportiva, un gimnasio cerca, energía suficiente y, sobre todo, una vida organizada.

Pero la vida real no funciona así… comienza mucho antes de llegar al gimnasio, cuando suena el despertador y los padres se levantan a preparar a sus hijos: despertarlos, preparar uniformes, organizar mochilas, terminar esa tarea pendiente, el desayuno, la merienda y encima salir con tiempo para evitar los embotellamientos.

Luego sigue la vida productiva, el trabajo, las reuniones, jornadas que parece no terminan nunca, amén de las pequeñas o grandes responsabilidades que cada uno tiene y llega la noche sin espacio para ejercitarnos.

Bernabé Lagrule, coach de fitness y salud, nos dice que cuando sus hijos estaban pequeños “conocí esa dinámica, había  horarios que cumplir, colegios, responsabilidades y una vida que no se detenía simplemente porque uno quisiera sacar un espacio para entrenar, y con el paso del tiempo comprendí algo que considero fundamental: el problema no siempre es que no tengamos tiempo; muchas veces es que no hemos aprendido a integrar nuestra salud dentro del tiempo que ya tenemos”.

Eso cambia completamente la conversación, porque si esperamos tener una hora perfecta disponible todos los días para comenzar a entrenar, probablemente estaremos esperando durante mucho tiempo. 

Pero si entendemos que el ejercicio puede formar parte de nuestra vida de la misma manera que forman parte de ella el trabajo, la familia, las responsabilidades y los compromisos, entonces empezamos a verlo de otra manera, y el ejercicio deja de ser una actividad adicional, para convertirse en parte de nuestra vida.

Los padres también necesitan estar en la agenda

“Hay algo que observo con frecuencia en madres y padres: todo el mundo tiene un espacio en su agenda menos ellos mismos. El hijo tiene una hora para entrar al colegio, la hija tiene una actividad extracurricular, el esposo tiene una reunión, la esposa tiene una responsabilidad, el trabajo tiene su horario, el médico tiene su cita, el supermercado tiene su momento”.

Pero cuando se trata de la salud lo usual es decir “cuando tenga tiempo”, frase que Lagrule considera “uno de los errores más grandes, porque nuestra salud no debería recibir solamente el tiempo que nos sobra… nuestra salud merece formar parte de nuestra agenda”.

“Es algo de organización, tal vez no tienes una hora, tal vez tienes treinta minutos, tal vez no puedes entrenar cinco días, pero puedes comenzar con tres, tal vez no puedes ir al gimnasio a las 6:00 de la mañana, pero puedes hacerlo después de dejar a tus hijos en el colegio, tal vez tu horario cambia todos los días, entonces tu entrenamiento también debe ser flexible”.

El objetivo no es construir una rutina perfecta, el objetivo es construir una rutina sostenible.

Comienza el día moviéndote

Bernabé Lagrule dice que “hay algo especial en comenzar el día moviendo el cuerpo, no necesariamente tiene que ser un entrenamiento largo, puede ser una sesión de fuerza, una caminata… ¡movilidad!”.

Recomienda un circuito breve: ejercicios básicos realizados correctamente,  “lo importante es que el cuerpo reciba el mensaje de que estamos comenzando el día de una manera activa. Para algunos padres, esto puede significar levantarse un poco antes, para otros, entrenar después de llevar a sus hijos al colegio, para otros, hacerlo durante el horario de almuerzo, y para otros, al finalizar la jornada”.

Porque no existe un horario universal, existe el horario que puedes sostener. Ese es el que importa, porque muchas personas comienzan con una rutina extraordinaria que pueden mantener durante dos semanas y después abandonan, debemos preferir una rutina aparentemente modesta que una persona pueda mantener durante años.

No necesitas convertirte en otra persona

Otro error es pensar que para comenzar a entrenar tenemos que transformar completamente nuestra vida, dice Lagrule.

“De repente queremos levantarnos a las 4:00 de la mañana, entrenar seis días, eliminar todos los carbohidratos, correr, hacer pesas, meditar, dormir ocho horas, preparar cinco comidas al día y convertirnos en otra persona de la noche a la mañana… eso puede funcionar durante unos días, pero la mayoría de las personas no necesita una revolución, necesita un sistema que pueda integrar a su realidad”.

Si tienes hijos pequeños, tu realidad es diferente, si trabajas de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, tu realidad es diferente, si eres madre soltera, tu realidad es diferente, si eres padre y además tienes que llevar y buscar a tus hijos en el colegio, tu realidad es diferente, si tienes un negocio, también. Por eso no debemos copiar ciegamente la rutina de otra persona, debemos construir la nuestra.

El ejercicio también educa a nuestros hijos

El coach de fitness y salud considera más importante que el hablar con los hijos y es que vean nuestras acciones.

“Si un niño ve a su madre cuidando su alimentación, haciendo ejercicio y preocupándose por su salud, está recibiendo un mensaje, si ve a su padre levantarse temprano para entrenar, está recibiendo otro, aquí el ejemplo les está hablando”.

La pregunta que todos los padres deben hacerse, dice Lagrule, es Hay ¿cómo quiero llegar a los próximos 10, 20 o 30 años de mi vida?. Porque muchas veces vivimos pensando solamente en el presente, queremos pagar el colegio, comprar una casa, sacar adelante a nuestros hijos, trabajar, producir, resolver, pero olvidamos algo: nosotros también somos parte del proyecto familiar. 

“Y si nuestra salud se deteriora, toda la familia termina pagando las consecuencias, por eso considero que hacer ejercicio no es un acto de egoísmo, es una responsabilidad. No solamente queremos vivir más, queremos vivir mejor, tener fuerza para cargar a nuestros hijos cuando son pequeños, poder jugar con ellos, acompañarlos en sus actividades, subir unas escaleras sin sentir que el cuerpo no responde. Queremos llegar a la madurez conservando independencia, movilidad y dignidad, poder disfrutar aquello por lo que tanto hemos trabajado”.