• La tecnología reduce drásticamente el costo y el conocimiento técnico necesarios para clonar voces, rostros y formas de escribir.
• Expertos aclaran que no se requiere ser famoso para ser víctima; la credibilidad cotidiana de un ciudadano común es más valiosa para los atacantes.
• En la República Dominicana y la región, las autoridades alertan sobre fraudes mediante WhatsApp y Facebook, mientras los sistemas de seguridad enfrentan el reto de los «falsos positivos».
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SANTO DOMINGO (17 de junio de 2026) – La suplantación de identidad ha entrado en una dimensión más peligrosa y automatizada. El uso de la inteligencia artificial (IA) está permitiendo a los ciberdelincuentes ejecutar fraudes de manera más rápida, económica y convincente, transformando una amenaza que antes requería alta especialización técnica en un problema masivo de seguridad ciudadana.
El impacto de la IA: Más rápido y más barato
La IA no inventó la suplantación de identidad, pero borró las barreras de entrada para los criminales. Hoy en día, bastan unos pocos segundos de audio, un video o una fotografía publicados en redes sociales para que un atacante clone la voz o el rostro de una persona.
La tecnología actual permite:
• Imitar la identidad verbal y visual mediante videollamadas manipuladas.
• Redactar mensajes personalizados que replican con exactitud la forma de expresarse de la víctima.
• Superar controles biométricos y de verificación digital.
• Automatizar campañas masivas dirigidas simultáneamente a miles de ciudadanos.
El mito de la celebridad: ¿Por qué van tras el ciudadano común?
Existe la falsa percepción de que los ciberdelincuentes solo buscan a personas famosas o influyentes. Los analistas de seguridad aclaran que, para el crimen organizado, basta con que la identidad de una persona resulte útil.
Los datos de cualquier ciudadano (nombre, teléfono, correo, documentos o datos bancarios) sirven para abrir cuentas falsas, solicitar créditos o recibir transferencias ilícitas. Además, los delincuentes prefieren a las personas comunes por dos razones estratégicas:
1. Bajo perfil: Despiertan menos sospechas y tardan mucho más tiempo en descubrir que están siendo suplantadas.
2. Alta credibilidad: Un mensaje de auxilio económico enviado desde el WhatsApp de un familiar o compañero de trabajo es infinitamente más efectivo para cometer una estafa que el perfil de una celebridad. En muchos casos, al atacante le basta con controlar la cuenta de la víctima unos pocos minutos para presionar una transferencia urgente.
El desafío técnico: El dilema de los «falsos positivos»
A medida que las empresas aumentan sus defensas, surge un nuevo obstáculo: los falsos positivos. Esto ocurre cuando un sistema de seguridad bloquea por error una actividad legítima confundiéndola con un fraude.
Situaciones cotidianas como cambiar repentinamente de teléfono, conectarse desde otra ubicación (IP), tener nombres similares a otros usuarios, o que varias personas administren una cuenta corporativa, pueden activar las alarmas por error. Los expertos señalan que las plataformas no deben volverse restrictivas al extremo de asfixiar al usuario legítimo, sino que deben combinar señales técnicas con un análisis de contexto y, fundamentalmente, revisión humana.
Panorama en la República Dominicana y la región
A la fecha, el país no cuenta con un registro oficial consolidado que aísle exclusivamente los casos de suplantación de identidad del año 2026. Esto se debe a que las instituciones procesan estas denuncias bajo tipificaciones más amplias como delitos de alta tecnología, estafa electrónica, acceso ilícito o fraude bancario.
A pesar de la falta de una cifra única, las acciones policiales confirman la vigencia de la amenaza. Durante el transcurso de 2026, la Policía Cibernética dominicana ha documentado múltiples operativos y arrestos vinculados a redes que suplantaban perfiles en WhatsApp y Facebook con el único fin de exigir depósitos de dinero de emergencia a los contactos de las víctimas.
A nivel de América Latina la situación es similar: la falta de definiciones homologadas y la cifra negra de casos no reportados obligan a las autoridades a concentrar sus esfuerzos en atacar las tendencias criminales más que en contabilizar un total regional.
La prevención y la validación directa por canales alternos siguen siendo las herramientas más efectivas para los ciudadanos.
