Gobierno
.
Por Fernando Rodríguez C.
En nuestro país, desde antaño, ha existido una clase política, con pocas excepciones, que aspira al poder con las miras puestas en resolver, de por vida, sus problemas económicos y los de sus familiares y amigos.
En nuestro país, desde antaño, ha existido una clase política, con pocas excepciones, que aspira al poder con las miras puestas en resolver, de por vida, sus problemas económicos y los de sus familiares y amigos. Es un mal que ha hecho mucho daño al país y que, a pesar del celo de algunos gobernantes, sigue constituyendo un mal del que hay que cuidarse sometiendo a la justicia a quienes amparados en el poder político de un cargo o a su cercanía con el gobernante de turno, creen que pueden hacer y deshacer sin consecuencias.
En ese tenor, es justo reconocer el coraje y responsabilidad que ha exhibido el presidente Luis Abinader frente a sus relacionados políticos y hasta personales, contrario a otros expresidentes que se hicieron de la vista gorda ante los desafueros de sus familiares y allegados que hicieron de los recursos del erario un botín mientras las autoridades fiscalizadoras del manejo de los fondos públicos, miraban para otro lado.
A Luis Abinader le tocará retirarse del poder con altos niveles de aceptación, cuidando celosamente, hasta el último minuto de su gestión, el patrimonio público frente a funcionarios que pretendan hacer fiesta con los dineros del pueblo ante y durante el período de transición.
