Por Marino Ramírez Grullón

Gente que en los medios de comunicación se hacen eco de denuncias que no tienen asidero porque ni pruebas aportan que sustenten sus supuestas verdades.

Los medios de comunicación están llenos de una gran cantidad de gente que los utiliza para generar dinero rápido utilizando cualquier método de comentarios pero hasta sin respetarse ellos mismos.

En eso tiene que ver la abundancia de medios de comunicación ya sea análogos o digitales pero otra cantidad de centros de estudios que enseñan periodismo sin el mejor mérito académico para el aprendizaje ético y moral.

Así entonces encontramos todo tipo de analistas, comentaristas, copitas y todo aquel al que se le ocurre rentar un espacio radial, televisivo o por medio de internet para emitir sus opiniones que muchas veces son copias de lo que otros dicen o escriben.

En fin tenemos de todo en la casa del señor, pero lo cierto es que andamos por mal camino en estos medios de comunicación y muchos rutilantes de la nueva generación que de saber no saben nada.

Compran información, la alquilan, la copian, la repiten como pericos en la estaca, al final nada de nada en cuento a verdad se refiere de contenido y objetividad comunicacional.

Así pues, instituciones y funcionarios, sin dejar pasar políticos serios que hacen su trabajo son víctimas de estos buscavidas que amparados en la libertad de expresión y difusión del pensamiento recurren a todo para sobrevivir.

No es posible que cualquier integrante de un programa propio o de panel se dedique a denostar alguna institución pública o sus funcionarios para luego ir a chantajear en busca de lisonjas.

También personalidades de alto nivel son víctimas de esa práctica dañina del periodismo de nueva generación.

Evidentemente no son todos, ni todas pero ojo al cristo que algo anda mal.

Incluso los funcionarios, políticos o personalidades e instituciones que se prestan a callar bocas en busca de que no se digan verdaderas verdades o grandes mentiras sobre su accionar cometen errores que luego les pesan.

Al fin y al cabo todo el que cobra y paga para ocultar una verdad o hacer ver unas mentiras terminan atrapados en esas mismas redes que ellos construyen a base de dinero mal habido.

La sociedad dominicana debe de alguna manera ir frenando este tipo de comportamiento.

Incluso muchos empresarios de la comunicación, dueños de emporios que buscan producir dinero bajo cualquier circunstancia no todos pero los demás que promueven este tipo de comportamiento también cometen errores.

Vemos como algunos medios que viven del amarillismo comunicacional o de la crónica roja, también de la promoción de falsos valores en esos negocios terminan muy mal situados a la hora de la verdad ante la sociedad.

Aquí no valen leyes. Valen comportamientos, todo tiene un límite y la falta de ético y el daño de reputaciones por medio de la comunicación social debe terminar.

La censura sería peor pero cuando se asoma una dictadura o gobierno de mano dura, ahí comienzan a verse realidad que antes eran ignoradas.