Por: Natalit Suberví

La solidaridad no puede humillar, ni la ayuda puede depender del sacrificio de los más pequeños.
Las políticas públicas y las acciones sociales deben proteger la niñez, no ponerla en filas interminables como si la necesidad fuera un espectáculo,

Que niños estén haciendo filas a las 3 de la madrugada por un juguete no debería normalizarse ni celebrarse.
Eso no es alegría, es una señal dolorosa de desigualdad, abandono y mala planificación social.
Un niño debería estar durmiendo a esa hora, seguro en su casa, no expuesto al frío, al cansancio ni a riesgos, esperando lo que debería llegarle con dignidad. Cuando un juguete se convierte en una lucha, el problema no es el niño, es el sistema que falla.

Esto nos obliga a reflexionar como sociedad.

 

 

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