Cierto que el salami, el kipe, la ensalada de papa originaria de Rusia también es parte de nuestra historia: los de mi generación nacimos y crecimos viéndolos integrados a otros platos de consumo frecuente como el moro o el sancocho. Son de una historia más reciente, producto de inmigraciones y otros capítulos de nuestro avance como país. Hicimos estos productos de consumo frecuente y ahora, muchos confunden lo originario con lo que no lo es, tal vez porque al asumirlos, le damos el toque aplatanado que gusta a los dominicanos.
Para muestra, en La Haya en Holanda, abrieron un pica pollo dominicano y la ensalada rusa es top en ventas por su toque particular. En fin, que sigan los premios Guinness. Ojalá que para la próxima se prepare algo tan nuestro como el casabe, pan o torta poco conocida en el mundo, que taínos y otros pobladores nos dejaron de herencia a los originarios del Caribe.
